Buenas noticias en el inicio de este año. Regresa la materia de civismo a las escuelas.
La ausencia de la materia de civismo en la curricula escolar, ha dejado sentir sus efectos nocivos; ciudadanos apáticos, poco participativos, con conductas antisociales que no se sienten responsables del desarrollo de sus comunidades.
Para las nuevas generaciones, el civismo se limita a las ceremonias de honores a la bandera, a la urbanidad. La educación cívica va mucho más allá: debe construir ciudadanía, a partir del conocimiento y respeto de sí mismo y del respeto a los otros, del desarrollo de pensamiento crítico. Que el ciudadano no sólo cumpla con sus deberes, sino que se involucre en los asuntos públicos, que delibere, que participe. Debe educar a la persona para que viva y colabore en el desarrollo y bienestar de la sociedad, para que sea responsable, para que sepa hacer uso de su libertad, para que aprenda a construir acuerdos.
Un buen ciudadano debe buscar en todo momento el bien común, esto implica renunciar a veces al bien individual, que es legítimo y al cual tenemos derecho.
Este es el reto principal. Aprender a renunciar a favor del bienestar de la mayoría. La participación ciudadana, sin el fundamento del civismo, será solamente activismo, que muchas veces termina en frustración ó pierde sus fines.